Los Pirineos y su población cuentan con una gran cantidad de recursos, que deberían evolucionar de cara al cambio climático.En los Pirineos, la superficie global de los glaciares franceses y españoles a disminuido un 85% desde el año 1850 (40% para los glaciares alpinos para el mismo periodo).

El díptico fotográfico de abajo muestra los glaciares del Aneto (izquierda) y el de Maladeta (derecha). Han retrocedido respectivamente, 1.2 Km y 0.7 Km en un siglo y medio.

La pequeña treintena de glaciares que subsiste todavía podría desaparecer totalmente a lo largo de las próximas décadas.Esta evolución supondría a la vez un cambio en la biodiversidad, en el turismo de alta montaña y a nivel local en los recursos de agua.

Según Jean-François Donzier, director general de la Oficina Internacional del Algua (OIA) y secretario de la Red Internacional de Organismos de Cuenca (RIOC) :

"La frecuencia y la intensidad de las inundaciones en otoño, invierno y primavera, así como las sequías estivales van a aumentar especialmente, del mismo modo que la erosión, deslizamientos de tierras, la temperatura del agua y la calidad de los ríos va a ir degradándose. La producción hidroeléctica disminuirá un 15%; el enfriamiento de las centrales térmicas y nucleares será más dificil en verano. La navegación fluvial necesitará barcos de menor calado, en las estaciones de esquí la producción de nieve artificial será generalizada y asistiremos a un incremento de la demanda de agua de riego, particularmente en las regiones del sur…"

Para comprender mejor y anticiparse a los efectos venideros tanto en los recursos naturales como en las actividades humanas, convendría analizar algunos impactos ya observados y los que se esperan, así como las consecuencias a las que las poblaciones y los entornos naturales deberán enfrentarse.

glaciers aneto maladeta
  

Fuente: MORAINE -Association Pyrénéenne de Glaciologie http://asso.moraine.free.fr

- Impactos sobre los recursos de agua y la biodiversidad

Exiten diferentes modelos que prevén un crecimiento del déficit hídrico en los próximos 40 años para los cultivos anuales. Más allá de los efectos sobre los ecosistemas, para todos los cultivos, hay que prever una disminución del componente de la producción potencial como consecuencia del déficit hídrico. En el plano de la biodiversidad, un informe de 2009 de la Agencia Europea del Medioambiente señala los posibles efectos catastróficos de un calentamiento climático sobre las especies endémicas de montaña. A modo de ejemplo, desde 1990, las poblaciones de mariposas de los prados disminuyen de un modo alarmante en toda Europa; dicho informe prevé que, de aquí a finales del siglo XXI, el 60% de las especies vegetales de montaña estarán en peligro de extinción. Las especies, al no ser capaces de desplazarse o de encontrar condiciones climáticas idénticas (especies confinadas o hábitat cada vez más reducido).
Finalmente, en la montaña, numerosos riesgos naturales son susceptibles de verse modificados por los cambios climáticos. Los cambios en el régimen de las precipitaciones, unidos a las variaciones de temperaturas en el aire y en el suelo, tendrán repercusiones en las crecidas y lodos torrenciales, los deslizamientos de tierras, los riesgos glaciares, los incendios forestales… Por lo que hay que prever un aumento de la frecuencia de los riesgos naturales.

- Impactos en los recursos de agua

Diversos modelos prevén un aumento del déficit hídrico durante los próximos 40 años para los cultivos anuales, seguidos de una disminución a partir de 2070. Como consecuencia del efecto del déficit hídrico, cabe prever una reducción del componente de producción potencial para el conjunto de los cultivos.

En lo que respecta a la innivación, el número de días con un espesor de nieve de más de 0 cm se ha reducido de media en 10 días entre 1971 y 2008. Por su parte, el número de días con más de 30 cm de nieve ha disminuido en 15 días.

El aumento de las temperaturas, así como la consecuente transformación de las precipitaciones de nieve en lluvia, debería influir directamente sobre la escorrentía y el almacenamiento de agua en altitud y, por tanto, en el caudal de agua restituido en verano. Dichas modificaciones afectarían con toda seguridad a las propias montañas, además de repercutir en las regiones situadas aguas abajo.

Los cambios climáticos generan nuevas necesidades de riego. Sobre el conjunto de las regiones cabe esperar un aumento de las necesidades de la viña hasta 2020, incluso con una estrategia de ahorro. El aumento del déficit hídrico en el futuro también puede crear necesidades de riego nada despreciables para poder continuar garantizando la producción de forraje. De este modo, a partir de 2070, las necesidades de riego para cubrir el 80% de las necesidades de agua en un típico suelo de prado serían de casi 100 mm de media.

Para leer más detalladamente los impactos en los recursos hídricos, descargue este documento en francés, español e inglés. 

- Los impactos en la diversidad biológica et los bosques

El informe del 2009 de la Agencia Europea de Medio Ambiente señala los posibles efectos catastróficos del calentamiento global en las especies endémicas de montaña. Como ejemplo de ello, desde 1990 la población de mariposas de los prados disminuye de manera alarmante en toda Europa. El informe prevé que, de la actualidad hasta finales del siglo XXI, el 60% de las especies vegetales de montaña estarán en peligro de extinción. Dichas especies ya no serán capaces de desplazarse o no podrán encontrar unas condiciones climáticas idénticas (especies confinadas o hábitats cada vez más reducidos).

La mutación más destacable del bosque de montaña en respuesta a los cambios climáticos se traduciría en el movimiento de las capas de vegetación hacia zonas más altas de la montaña. Así, las especies forestales suben 3 metros al año en los Pirineos desde hace más de 30 años.

La elevación de las capas de vegetación, además de transformar el paisaje montañoso, podrá causar conflictos de uso. Gradualmente el bosque irá alcanzando las praderas de montaña destinadas al pastoreo.
Y unido a la comprobación de los científicos del desplazamiento de las especies en altitud en busca de un hábitat más adaptado, se prevé un cambio en la distribución de las especies en el macizo pirenaico.
Asimismo, la desecación de los suelos - ligada al estrés hídrico causado por la subida global de temperaturas- debería ser un factor importante en la debilitación general de los bosques en los terrenos con mucha pendiente. Esto podría causar problemas para las poblaciones montañosas locales, puesto que dichos bosques frecuentemente sirven de protección contra la erosión y los deslizamientos de tierra.
Por otro lado, otra de las consecuencias de esta desecación global del suelo podría ser el riesgo de incendio en los macizos forestales. Sin embargo, hasta hoy se han evitado dichos riesgos.
Finalmente, el aumento de la temperatura y del déficit pluviométrico, previsto por los modelos climáticos, resultado del estrés hídrico del que los bosques son el principal objetivo, en concreto las coníferas menos adaptadas a las condiciones de sequía. El aumento de la intensidad del déficit hídrico acumulado en el período de crecimiento debería provocar una fuerte disminución de la restitución del agua de la zona (-125mm/año de aquí al 2025) y un descenso de la media de producción cercano al 12%, más moderadas en las altitudes más elevadas (-0,5tMS*/ha/año de aquí al 2025).

Para leer más detalladamente los impactos sobre la biodiversidad y el bosque, descargue este documento en francés, español e inglés.

- Impactos sobre los riesgos naturales

En montaña, un gran número de riesgos naturales podrían verse modificados por el cambio climático. El cambio climático debería hacer evolucionar las medias climáticas, así como sus valores extremos. Incluso parece ser que debemos esperar en el futuro un aumento de la variabilidad del clima con más valores extremos, en ambos sentidos.
Es probable que el calentamiento global desestabilice el régimen térmico del gelisuelo y, en consecuencia, aumente la inestabilidad de las vertientes de montaña. De hecho, este deshielo puede desestabilizar las paredes rocosas por la modificación de las condiciones hidrológicas en sus entramados de fisuras. Los desprendimientos, las morrenas, etc., que contienen hielo, pierden su cohesión cuando este se deshiela. En términos generales, se prevé un aumento de la inestabilidad del suelo debido a la desaparición del permafrost. Por otra parte, los cimientos de los edificios así como de los teleféricos y de las instalaciones de remontes podrían verse directamente afectados y dañados por asientos en el subsuelo debido a la fundición del hielo.
A pesar de que el volumen anual se encuentra en ligero descenso, las precipitaciones deberían aumentar de forma sensible en invierno y los veranos deberían ser más secos y cálidos. Entonces, el suelo de los pastos y los bosques se secaría de forma considerable, volviéndoles más sensibles a la erosión y aumentando el riesgo de fenómenos gravitatorios.
Por otro lado, el régimen del espesor de la nieve puede tener consecuencias sobre las avalanchas. En invierno, las avalanchas necesitan entre otras cosas de condiciones de temperaturas bajas, lo que hace que el riesgo no debería aumentar. Las avalanchas de primavera (nieve húmeda) podrían en cambio estar favorecidas pero tienen recorridos más previsibles. Sin embargo, el suceso de tales acontecimientos estará esencialmente influenciado por la variabilidad interanual de las condiciones climáticas.

Por otro lado, en la montaña, bajo un clima mediterráneo o en conversión, el aumento del riesgo de incendio podría conllevar un aumento de la proporción del suelo desnudo, y por lo tanto un riesgo de erosión más importante.

Para leer más detalladamente los impactos naturales, descargue este documento en francés, español e inglés. 

- Los impactos socioeconómicos

El princial motor de desarrollo para todas las especies cultivadas es la temperatura: de cara a un aumento de temperatura debido al cambio climático, la anticipación de los estadios fenológicos es significativa (trigo, maíz , colza, girasol, sorgo, vides). Esto tiene una consecuencia importante, a la vez sobre la elección técnica del agricultor y sobre el comportamiento ecofisiológico de los cultivos que van a experimentar un desajuste entre sus fases de desarrollo y las tensiones del medio (Gate y Bresson, 2010).

Pero el cambio climático tendrá consecuencias no solamente sobre la agricultura sino también sobre otros sectores económicos, en concreto, sobre el turismo. Si consideramos que los Pirineos dependen en un XX% de la actividad turística, los impactos socioeconómicos serán importantísimos.

- Impacto sobre la actividad agrícola

Para todas las especies cultivadas, el principal motor de desarrollo es la temperatura: ante al aumento previsto de la temperatura, el adelantamiento de los estados fenológicos es significativo (trigo, maíz , colza, girasol, sorgo, vid). Esto supone una consecuencia importante, tanto en las posibilidades técnicas del agricultor, como en el comportamiento ecofisiológico de los cultivos que presentarán un desfase entre sus fases de desarrollo y las limitaciones del medio (Gate y Bresson, 2010).

Se puede esperar un adelantamiento de la fecha de la cosecha (sin que la fecha de sembrado varíe) del trigo y la colza de 8 a 16 días de la actualidad a 2050 y de 25 a 41 días en el caso del maíz (especialmente en el Norte). En cuanto a los cultivos de primavera, la duración de desarrollo de las plantas, perjudicial para la cosecha, tenderá a disminuir del orden de 10 a 20 días en el caso del maíz, y de 8 días en el del girasol. En cuanto a la vid, el adelantamiento de la floración, más importante que el maíz, genera una reducción del período de la maduración más bajo que el del maíz. Para los cultivos de invierno, cabe prever un adelantamiento del ciclo con una baja reducción de la duración de las fases; y para los cultivos de primavera se producirá simultáneamente un adelantamiento del ciclo y una reducción importante de la duración de la fase de desarrollo.

Los escenarios climáticos para el futuro prevén ya un aumento de las necesidades de riego de determinados cultivos de aproximadamente un 10%. Y el cambio climático tendrá del mismo modo un impacto sobre el desarrollo y gravedad de ciertas enfermedades.

Si bien el aumento de las temperaturas deberá crear nuevas oportunidades de cultivo en zonas hasta ahora frías, aumenta la duración de intercosechas en las zonas de cultivos actuales (por anticipación de las fechas de las cosechas anuales) o aumenta la elección de sucesión de cultivos (Levrault, 2010) facilitando la rotación de cosechas.

Para leer más detalladamente los impactos en los cultivos agrícolas, descargue este documento en francés, español e inglés.

- Fuerte presión en el pastoreo

El cambio climático conlleva el riesgo de tener un impacto sobre la actividad de pastoreo, que puede sufrir importantes alteraciones.
Como consecuencia de diversos cambios, los ganaderos han observado efectos directos sobre sus rebaños, entre otras cosas, con una reducción del aumento de peso medio de los bovinos, del orden de un 50% (entro los períodos de 1994-2002 y 2003-2006).
Aunque las fases invernales y estivales de la actividad pastoral se distinguen muy bien, ya que la primera se desarrolla en estabulación y la segunda en montaña, están estrechamente relacionadas: la alimentación de invierno depende de los forrajes y el rendimiento de hierba de los pastos de montaña durante el verano depende en gran medida de la cobertura de nieve y el deshielo – ya que el deshielo alimenta la fase vegetativa y la posibilidad de explotación para alimentar a los animales. Sin embargo, estos dos parámetros que son la cobertura de nieve y el deshielo se verán impactados por el cambio climático, tal como lo hemos visto anteriormente.
En los Alpes, la Federación de Pastos del Isère ya está observando estos efectos sobre la productividad del período estival, en tres fases, y se puede considerar razonablemente que la misma constatación es válida a muchas otras zonas de montaña.
En primer lugar, los ganaderos constatan que la temporada de verano comienza antes, debido al adelantamiento del deshielo. La prolongación del período estival se viene observando desde hace varios años: se puede alcanzar diez días a una altitud de 500 metros, y catorce días a 1500 m.
Debido a este adelantamiento del deshielo, las plantas recurren de forma precoz a las reservas del suelo – especialmente las reservas de agua –, lo que puede resultar perjudicial para la segunda fase, la de mediados del verano. De hecho, potencialmente sometidos al estrés hídrico, los prados corren el riesgo de presentar déficit de enyerbamiento y por lo tanto de no ofrecer suficiente alimento para los rebaños. De este modo pueden ser necesarias las aportaciones externas de agua y forraje, en detrimento de las existencias reservadas para la temporada invernal.
Finalmente, en tercer lugar, aunque el período se prolonga por un segundo brote de la hierba, éste se produce de forma tardía. El potencial de productividad de este período es limitado por diferentes factores, tales como la escasa insolación y las temperaturas más bajas.

Fuente : www.sig-pyrenees.net

- Impactos en el turismo

En la actualidad, los terrenos esquiables se encuentran en una situación de incertidumbre en lo que se refiere a su futuro a largo plazo. De hecho, el cambio climático previsto les obliga a cuestionarse la longevidad de su actividad principal, que necesita de unas nevadas mínimas distribuidas durante varios meses en invierno.
Se teme que el calentamiento climático se traduzca, en una gran cantidad de terrenos esquiables, en la imposibilidad de garantizar cada año el esquí. Esto supondría, como consecuencia, la precarización de los empleos relacionados con esta actividad.
Globalmente, en especial las estaciones de media montaña serán las más vulnerables a la evolución de la capa de nieve, y algunas de ellas hasta puede que no lleguen al umbral crítico para la apertura de la estación. Varios estudios científicos han demostrado que un aumento medio de 2 ºC en los Pirineos provocaría, a partir de los 1500 metros, una disminución del número de días de nieve en el suelo equivalente a un mes (de 30 a 49 días/año). Esta tendencia sería especialmente perceptible en los Pirineos centrales y orientales españoles.

Concretamente, con el paso de 3 a 2 meses de días de nieve con un aumento del límite de las condiciones de esquí satisfactorias de 150 m por grado, las estaciones de esquí de media montaña podrían encontrarse con una disminución de una cuarta parte de su volumen de facturación.

Además, el cambio climático debería suponer consecuencias directas sobre las estaciones turísticas. Durante el verano, el cambio climático podría, a su vez, prolongar la estación y permitir cierto desplazamiento hacia el norte (o hacia las alturas más altas) del turismo. Las zonas mediterráneas tendrían que acoger a una población preparada para soportar excesos de calor; aunque con este fuerte calor se corre el riesgo de que las personas mayores no acudan a estas zonas y lo mismo ocurrirá con los residentes en el espacio mediterráneo en Francia, Italia o España. Como consecuencia, las regiones de media montaña podrían convertirse en los destinos favoritos por su relativo frescor, la sombra de sus bosques, etc. El calentamiento del interior de las tierras sería igual que en la costa, hecho que podría contribuir a mejorar las potencialidades turísticas de la media montaña.

De forma general, las potencialidades turísticas de entretiempo deberían encontrarse ampliamente incrementadas.

Para leer más detalladamente los impactros sobre el turismo, descargue este documento en francés, español e inglés.

 

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