En su informe del 2007, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima (IPCC) identificó las zonas montañosas como espacios particularmente sensibles al cambio climático. En este sentido, las montañas actúan como verdaderos “laboratorios vivientes”, testigos precursores de los efectos del cambio climático que podrán producirse en otros territorios.
El macizo de los Pirineos, entre el océano Atlántico y el Mediterráneo, es particularmente representativo de las principales claves climáticas en zona de montaña. El macizo montañoso más meridional de Europa, ya está sometido a los estigmas de estos cambios radicales: el deshielo de los glaciares, la disminución del manto de nieve, la ascensión de especies vegetales de altitud, las variaciones fenológicas de la vegetación, el adelanto de fechas de la vendimia y de las cosechas, etc.
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El cambio climático en los Pirineos ya es un hecho:
- calentamiento de +1,1ºC desde 1900 en el Suroeste de Francia y en el macizo de los Pirineos (Météo France / ONERC, 2007);
- ascensión de 3 metros por año de las especies vegetales en altitud entre 1971 y 1993 y de más de 64 metros para las especies forestales (INRA, 2008);
- precocidad de quince días en la explotación de la vendimia de Banyuls en los Pirineos Orientales desde 1900 (Bodega cooperativa / ARPE, 2008);
- reducción de 10 a 15 días del manto de nieve entre 1971 y 2008 en zonas de media montaña (Hospitalet, 1400 m) (Météo France, 2008);
- reducción del 85% de la superficie de los glaciares pirenaicos desde 1850 (Association Moraine, 2009)
En los Pirineos, desde el punto de vista más amplio de la biodiversidad, más allá de los cambios del clima o del medio, el éxodo rural y la evolución de los modos de explotación han provocado, en ciertos territorios, una pérdida de diversidad biológica, paisajística, cultural y económica que los vuelve más sensibles a los efectos del cambio global.
La población se vuelve entonces vulnerable, sobre todo por causa de los siguientes factores :
- una población que envejece, localizada en los bordes del macizo;
- la urbanización localizada con picos de contaminación;
- zonas residenciales devoradoras de energía;
- la artificialización de los suelos ligada a las zonas de gran densidad de población y a las zonas turísticas;
- la urbanización de las zonas de piedemonte y la superpoblación de las zonas costeras;
- un aumento del trafico en las zonas ya muy urbanizadas;
- en general, los cambios antrópicos (deforestación, artificialización de los sueles y urbanización, etc.) aumentarán la vulnerabilidad de ciertas zonas frente a los desastres naturales.
Hoy en día, todavía no existe la suficiente información, recopilada de manera coherente, como para, por un lado, establecer un diagnóstico del cambio climático sobre el conjunto de la cadena montañosa de los Pirineos y seguir con precisión las evoluciones, por el otro, pensar en las estrategias que deben establecerse para adaptarse. Pero la clave esta ahí, para los Pirineos, para el futuro de sus ecosistemas y el de sus poblaciones.
El clima: hoy y mañana
Las perspectivas de evolución de las temperaturas sitúan al macizo de los Pirineos entre los territorios más sensibles a la evolución del cambio climático. Mientras que las temperaturas nacionales han aumentado 0,9º C en un siglo, en el macizo pirenaico han registrado un aumento de 1,1ºC durante el mismo periodo (Météo France/ ONERC, 2007).
Según las perspectivas del IPCC (IPCC 2007), la temperatura media del planeta aumentaría entre 1,4 y 5,8ºC durante el periodo 1990-2100. En los Pirineos, según el Instituto Nacional de Meteorología (AEMET, España; 2008), la temperatura aumentará de 4,5 a 5ºC en 2100, sobretodo durante los periodos invernales.
A finales del siglo 21, el calentamiento podría alcanzar 2,7ºC de media (Levrault et al. 2010) [1], con un aumento del número de días calurosos (>20 días) y de la radiación global (+10W/m²/año) y una reducción del número de días de hielo otoñal (Terray, 2010) [1].
En el caso de las precipitaciones, las previsiones de los modelos climatológicos son mucho menos seguras que las referidas a las temperaturas. Según el escenario A1B del IPCC, los cambios en precipitaciones esperados para finales de siglo serán de una disminución de 25 mm/año, con un contraste estacional marcado en el cual las precipitaciones primaverales y estivales disminuyen en el conjunto del territorio y de forma más aguda en el sur de Francia (Terray et al. 2010); con disminuciones que podrían variar entre el 30 y el 40% (una de las disminuciones más importantes del cúmulo anual de precipitaciones). Según los métodos de regionalización del modelo ARPEGE de Météo-France, la disminución de la pluviometría será más destacable en el Suroeste de Francia a partir del 2050 (Itier, 2010).
Sobre el plan hídrico, los cambios previstos harán frente a una doble problemática: la oferta (precipitación, P) y la demanda de la cubierta vegetal (evapotranspiración, ET0). El aumento del cúmulo anual de ET0 es de 0,5 a 0,6 mm por día de la actualidad al 2100. La concomitancia de la reducción de lluvias y el aumento de la evapotranspiración conllevará una degradación marcada del déficit hídrico climático anual (P-ET0); acentuado con vistas al 2070-2100 (Levrault et al, 2010) [1].
Un perfil pirenaico compartido presenta un primer estado de las características y claves principales del macizo (sociales, económicas y medioambientales) frente al cambio climático.
Para más información sobre las principales desafíos del macizo y sobre los impactos observados en los Pirineos, descargue el folleto del Observatorio.
Bibliografía :






